Durante su primera visita oficial a la Casa Blanca en 2026, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, presentó al mandatario estadounidense, Donald Trump, un listado detallado de cabecillas del narcotráfico que operan desde el extranjero.
El jefe de Estado colombiano propuso una reorientación de la estrategia antinarcóticos que priorice la persecución de los grandes capitales y el uso de fuerzas militares conjuntas en las fronteras. En este sentido, planteó la posibilidad de una colaboración táctica entre los ejércitos de Colombia y Venezuela para desarticular estructuras criminales, una idea que fue recibida con interés por la administración Trump en el marco de su política de seguridad hemisférica.
Paralelamente, el gobierno de Estados Unidos manifestó que estudia levantar las sanciones que pesan sobre el presidente Petro y su círculo cercano, mediante su exclusión de la lista de la OFAC.
La situación política y económica de Venezuela también ocupó un lugar central en la mesa de diálogo. Ambos líderes coincidieron en la necesidad de reactivar la economía venezolana para frenar el flujo migratorio, explorando alternativas que incluyen el intercambio de energía limpia y gas. Trump resaltó que, a pesar de las diferencias ideológicas previas, el interés mutuo por la estabilidad regional facilita un lenguaje común entre los dos gobiernos.
La reunión concluyó con un mensaje de optimismo respecto al futuro de la cooperación bilateral. Mientras que la Casa Blanca destacó la importancia de obtener resultados tangibles en la lucha contra las drogas, la Casa de Nariño subrayó la importancia de ser tratados como socios soberanos.

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